Tecnología, la gran aliada para combatir el cambio climático

28/10/2021

Medio Ambiente Demos Vida

El siglo XXI parece definirse –al menos en sus inicios– por dos grandes vectores: la amenaza del cambio climático y el poder de la transformación digital. ¿Por qué no aprovechar las oportunidades tecnológicas para hacer frente a la crisis climática?

 

  • WWF Australia apuesta por los drones para replantar y conservar más de 2.000 millones de árboles hasta 2030.
  • La empresa Saildrone ha creado unos drones acuáticos que mapean los océanos para detectar y corregir, así, daños ambientales del ecosistema marino.


Imaginemos dos escenarios. Primero, un mundo en el que los robots conviven y colaboran con los humanos. Por otro lado, una sociedad amenazada por un fenómeno que podría degradar la biosfera de todo el planeta. Aunque parezcan dos guiones distintos de películas futuristas, ambos escenarios ya empiezan a ser realidad en el siglo XXI. Dejando a un lado las ideas y prejuicios construidos en la literatura de ciencia ficción, cabe entonces preguntarse si podrían las nuevas máquinas ayudar a los humanos a frenar el cambio climático.

En una atmósfera cada vez más cerca de sobrepasar los 1,5 grados de temperatura respecto a la época preindustrial, muchas conciencias y miradas están puestas en el transporte limpio, la reducción de emisiones y el cuidado de los océanos. Pero para lograr la sostenibilidad de los ecosistemas en el planeta no basta solamente con la concienciación: se requieren acciones. Esto es lo que busca el Pacto Verde Europeo con el objetivo –a gran escala– de convertir a Europa en el primer continente neutro en carbono para el año 2050 con medidas tales como la reducción en un 90% de las emisiones de efecto invernadero derivadas del transporte. No obstante, además del caso europeo, también es importante destacar la acción de muchas otras sociedades que han abierto los ojos ante los inminentes riesgos del cambio climático.


Los efectos de esta crisis global son cada vez más evidentes. Recientemente, por ejemplo, el calentamiento climático ha provocado olas de calor extremas en zonas del Mediterráneo, así como sequías e incendios muy intensos en bosques del sur de Italia y Grecia. Este aumento de temperaturas es generalizado y está acelerando peligrosamente el deshielo del Ártico, poniendo en peligro la supervivencia de las especies animales autóctonas –como los osos polares– y alimentando la subida del nivel del mar en todo el planeta. El pasado mes de julio, se registraron intensas lluvias en Europa occidental que causaron inundaciones especialmente duras en Alemania y Bélgica que, según un estudio del World Weather Attribution, estarían asociadas con el cambio climático.


La comunidad científica coincide rotundamente en que estos efectos han sido provocados por la acción humana, pero puede que sea la tecnología la que nos ayude a revertirlos. En Filipinas, por ejemplo, ya han apostado por la utilización de drones para tomar fotografías y vídeos de lugares afectados por catástrofes naturales que permitan medir los daños y evaluar los cultivos. Y aunque se usan cuando la catástrofe ya ha ocurrido, de cara al futuro se pretenden utilizar en programas de prevención de riesgos ante fenómenos como inundaciones o tifones. Algo similar quiere hacerse en Australia, donde WWF prevé lanzar con drones hasta 40.000 semillas por día en zonas afectadas por incendios para plantar –y conservar– 2.000 millones de árboles hasta el año 2030.


Para poner en marcha esta maquinaria artificial de defensa ambiental, el big data actúa como una pieza clave para comprender mejor los ecosistemas y tomar acciones que los protejan. Primero, se recoge una gran cantidad de información y se prevén múltiples variables ambientales relacionadas con el clima, suelo y temperatura. Después se establecen algoritmos y, con ellos, se prepara la acción más eficiente para futuros fenómenos que puedan ocurrir. Pero si a este tándem entre el big data y los drones le sumamos la incorporación de semillas inteligentes y adaptables a situaciones extremas, encontramos una nueva y eficiente fórmula para repoblar bosques que, sin ir más lejos, ya se ha aplicado en España. Concretamente en Pontevedra, donde la compañía Leroy Merlin se ha propuesto recuperar el bosque de Borela –incendiado en 2017– replantando 10.000 árboles sirviéndose de las tres tecnologías.


Gracias a la maquinaria de regeneración ambiental podemos, entre otras cosas, ‘adentrarnos’ en lugares inaccesibles para los humanos, tal como hemos visto en las imágenes del volcán de La Palma. Especialmente desconocidos son los océanos, un área que cubre el 70% de la superficie global y que la empresa californiana Saildrone está mapeando gracias a unos drones acuáticos autónomos. Estos drones, alimentados con energía solar, ya han mapeado los mares de la Antártida para monitorizar las emisiones de carbono, pero también han recogido datos del entorno del Océano Pacífico con los que poder detectar y corregir los daños causados al ecosistema marino.


En un mundo cada vez más digitalizado, un escenario con unos claros objetivos de descarbonización y una atmósfera todavía capaz de estabilizarse, urge que las sociedades se coordinen en la acción climática. Un reto de dimensiones titánicas en el que la inclusión de las nuevas tecnologías y los robots en las estrategias, lejos de las imágenes distópicas que suelen representar las películas de ciencia ficción, puedan convertirse en grandes –e incluso imprescindibles– aliados para combatir los efectos de la crisis climática.

Por Ruth Drake

 

 

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